El día que cambió la historia: Pentecostés

En Hechos 2:1-4, leemos el relato del bautismo en el Espíritu Santo que los discípulos recibieron en el aposento alto de Jerusalén. Ciento veinte creyentes, reunidos en oración, fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas que no habían aprendido.

Este no fue un evento accidental ni único. Era el cumplimiento de una promesa específica que Jesús había hecho antes de ascender al cielo.

La promesa del Padre

Jesús mismo prometió este bautismo en Hechos 1:4-5: "Les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre... porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días."

¿Es para hoy?

Pedro responde esta pregunta directamente en Hechos 2:38-39: "Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare."

Esta promesa no tiene fecha de vencimiento. Es para los que Dios llama: tú, tus hijos, y todos los que estén lejos. La geografía espiritual de esta promesa es universal.

El bautismo como equipamiento para el testimonio

En Hechos 1:8, Jesús conecta el bautismo del Espíritu con la capacitación para el testimonio: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."